La perceuse

ARTES Y NO TAN ARTES
www.laperceuse.es
Teapot by _la Perceuse

www.laperceuse.es

Teapot by _la Perceuse

Comments

www.laperceuse.es

La Perceuse es el nombre de una marca destinada a proyectos de diseño elaborados mediante la técnica de reproduccion en serie a pequeña escala. El proyecto comenzó con la construcción de un blog - hace más de dos años - sobre arte, diseño y tintes de política. 

El nombre surgió de forma casual, es el título de una canción de Yann Tiersen que escuchaba mientras hacia el registro del blog; la perceuse, en castellano significa la taladradora; era un nombre que encajaba a la perfección con el proyecto del blog, que poco a poco fue cogiendo forma con las publicaciones. 

El taladro tomado como algo que perfora y penetra a quien observa, lee o escucha no dejándole indiferente era una idea que con el tiempo pasaría a conformar un concepto de marca. Desarrollando productos desde un punto de vista que aglutinase métodos artesanales junto con las tecnologías más avanzadas, como la impresión 3D, y del mismo modo que el blog pretendía atravesar a través de los post, la marca busca crear productos que generen esa misma sensación, no dejando indiferente, penetrando hacia los sentidos. 

Caminando en esa dirección aparecieron dos conceptos aparentemente antagónicos y que desde hace más de un siglo parecen estar en continua lucha, la artesanía y el diseño. Quizás buscando esa paz entre ambos, apareció un libro que no sólo valió para el concepto de marca y producto, sino que fue la fuente de inspiración básica para la elaboración posterior del primer proyecto; el juego de té: “Wabi-Sabi para artistas, diseñadores, poetas y filósofos” de Leonard Koren.

Comments

MARX (El 18 brumario de Luis Bonaparte)

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío.


…Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan:

Hic Rhodus, hic salta!

¡Aquí está la rosa, baila aquí!

Comments

Pasiones sin verdad, verdades sin pasión


Karl Marx
(El 18 brumario de Luis Bonaparte)

Comments

El adiós del soldado por Vicente Fernandez
Una habanera

Comments

ODA A WALT WHITMAN POR LORCA

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.

Comments

ADIÓS, AMIGO GUERRERO

Se fue un amigo del alma, amigo de todos, amigo nuestro, de corazón carmín y roja sangre caliente,

de cuerpo curtido en las luchas de la calle, del odio y la represión simiente, de cárcel y de represaliados.

De argucia bizarra, de amor infinito y de agradecidos aliados,

grita tu esencia creadora con el puño levantado: ¡por el pan, el trabajo y la libertad!

¡Por la honradez y la amistad! ¡Por la Revolución! ¡Por la paz!

Te has ido con honor y con dulzura, ¡pues ahí van las salvas, compañero de mi alma, brigadista de la lucha!

porque con arrojo y orgullo mostraste tu bandera

y con gallardía forjaste, la hoz, el martillo martillado, tu baluarte, tu señera.

Amigo admirado, ni te olvidamos ni ausenciaremos las huellas del pasado.

Ni se te lleva la nada, ni el destino, ni los hados.

Te vas besando a la patria, con la cabeza erguida y la frente bien alta.

Dejas este mundo mancillado, maestro poeta y amante taurino y con tu cuerpo presente en el sagrario,

transciendes lo esencial para siempre y susurras mientras asciendes, al candor del poemario,

ese que tanto lustrabas, con versos, piropos y halagos:

¡No me lloréis mis espartanas mujeres!, hermosas, amazonas y finas,

cantadle alegremente al de arriba, con quien estoy, las canciones de Serrat y de Sabina.

Desde el más allá, en la lumbre y en el fuego, al son del vino añejo y el queso manchego,

entre tus recuerdos velados, de las tierras de Castilla y Argamasilla,

vienen por tí, a tu camastro azorado, ¡ya se acercan!

Garcilaso, Bécquer y Machado.

¡Camarada, compañero, poeta luchador y cancionero! Decirte tan solo ¡hasta luego!

Marisa Domenech Castillo

Comments
Susan Meiselas

Susan Meiselas

Comments

Hellen van Meene

Comments

Inge Morath

Comments

Sally Mann

Comments

Rinko Kawauchi

Comments

Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan, 
vientos del pueblo me arrastran, 
me esparcen el corazón 
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente, 
impotentemente mansa, 
delante de los castigos: 
los leones la levantan 
y al mismo tiempo castigan 
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes, 
que soy de un pueblo que embargan 
yacimientos de leones, 
desfiladeros de águilas 
y cordilleras de toros 
con el orgullo en el asta. 
Nunca medraron los bueyes 
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo 
sobre el cuello de esta raza? 
¿Quién ha puesto al huracán 
jamás ni yugos ni trabas, 
ni quién al rayo detuvo 
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza, 
vascos de piedra blindada, 
valencianos de alegría 
y castellanos de alma, 
labrados como la tierra 
y airosos como las alas; 
andaluces de relámpagos, 
nacidos entre guitarras 
y forjados en los yunques 
torrenciales de las lágrimas; 
extremeños de centeno, 
gallegos de lluvia y calma, 
catalanes de firmeza, 
aragoneses de casta, 
murcianos de dinamita 
frutalmente propagada, 
leoneses, navarros, dueños 
del hambre, el sudor y el hacha, 
reyes de la minería, 
señores de la labranza, 
hombres que entre las raíces, 
como raíces gallardas, 
vais de la vida a la muerte, 
vais de la nada a la nada: 
yugos os quieren poner 
gentes de la hierba mala, 
yugos que habéis de dejar 
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes 
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos 
de humildad y olor de cuadra; 
las águilas, los leones 
y los toros de arrogancia, 
y detrás de ellos, el cielo 
ni se enturbia ni se acaba. 
La agonía de los bueyes 
tiene pequeña la cara, 
la del animal varón 
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera 
con la cabeza muy alta. 
Muerto y veinte veces muerto, 
la boca contra la grama, 
tendré apretados los dientes 
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte, 
que hay ruiseñores que cantan 
encima de los fusiles 
y en medio de las batallas.

Miguel Hernández

Comments

FLORES PARA XIMO

No siento que ya no estés compañero, creo que vas a aparecer cada vez que atravieso esa puerta que dice “Tai Chi martes a las 17.30” 

Me acuerdo de ti y sonrío. Piensan al verme reír de ese modo que ando ensimismada con algún enamorado.
Parece como si estuvieras de viaje por Argamasilla de Alba.
Lloré cuando atravesaba en tren tus tierras manchegas una hora después de enterarme que tu cuerpo estaba en el tanatorio. También lloré cuando escuchaba por teléfono las intervenciones de los camaradas enterrandote en el nicho. El resto del tiempo lo paso sonriendo(te), sí a ti, que fuiste mi abuelo político, que me enseñaste a cantar la internacional entre otras cosas y me sonrojabas las mejillas con tus pellizcos cada vez que me veías y decías eso de: “Aaayyy mi Anitaaaa”. 

Como buen carpintero eres madera de roble, fuerte y duro. Gruñón y cabezón. Bello y dulce. Así te echaremos de menos en Castellón y Alaquas, en Valencia y Argamasilla de Alba, en Cuenca y Murcia, y así con cada amigo y provincia que recorriste sembrando simientes de amor, conciencia y revolución. 
Busco mantenerte vivo de algún modo y me resulta fácil, cada vez que “toque madera” :) y siempre que alce el puño para cantar la internacional te devolveré a la vida en mi memoria, pero cada vez que hagamos agitación, montemos charlas y asambleas, compartiremos lo que nos enseñaste manteniendo siempre viva tu conciencia.
Gracias roble por luchar hasta el último momento eres de los imprescindibles.

A Joaquín Torres.

Comments

JUAN DOLCET

La Palangana

Comments